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—¿Qué siente al ver a su hijo seguir sus pasos siendo ahora candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires?
—Orgullo. Mucho orgullo. Porque pudo ser seguro candidato a diputado nacional, pero eligió esta pelea durísima... Es un gran caminador de la provincia, va con la gente. Al mismo tiempo que vive actualizándose, es un gran lector, estudioso.
—A su esposa, María Lorenza, nunca le gustó la política, ¿qué dice ella acerca de que también su hijo se dedica a esa actividad?
—A ella no le gusta la política porque dice que separa a la familia... sólo desde ese punto de vista. En el caso del hijo, como lleva años ya de testigo de mi idas y venidas, lo acepta, y cuando escucha que está en algún medio, no se lo pierde. Pero no deja de decir “pobre familia”... por la familia de su hijo.
—¿Luis Brandoni, su compañero de fórmula, fue una amistad que su hijo Ricardo heredó de usted?
—Luis Brandoni es un gran amigo, pero ante todo es un gran militante, con mayúsculas, que está siempre listo para poner el hombro.
—El “look” de su hijo, con una sonrisa enmarcada por un bigote, es muy parecido al suyo hace 25 años, ¿percibe usted ese parecido y qué cree que significa?
—Sí, lo percibo, claro, y creo que los genes no mienten...
NOTA COMPLETA: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0194/articulo.php?art=2656&ed=0194#1
Dos cosas han marcado a fuego la identidad histórica de aquella etapa iniciada aquel 10 de diciembre de 1983, cuando el país se preparaba para comenzar su proceso de transición a la democracia, luego de tantas frustraciones y peripecias que caracterizaron nuestra vida institucional.
La primera cuestión fue la recuperación de la vida política, no solo como expresión electoral, sino también como herramienta de decisión en el ejercicio del poder. Indiscutiblemente, la vuelta a la democracia fundó un nuevo régimen político. La otra cuestión fue la consolidación de los Derechos Humanos como postulado fundamental en el que reposa la legitimidad del sistema democrático.
Esto no fue casual: responde a la madurez cultural que se ha producido en el país y al diseño de la transición iniciada en el ‘83, que buscaba ambos objetivos y rompió con la nefasta tradición de crónicas amnistías para los crímenes de Estado. Se fundó en la convicción de que sólo el juzgamiento de estos crímenes, si se concentraba al menos en los principales responsables, evitaría la reproducción del círculo infernal de golpes de Estado-represión-impunidad.
Por eso, lo primero y lo más trascendente que hizo la democracia fue derogar la Ley de Autoamnistía de los militares, que otras fuerzas políticas avalaban, y que hubiese significado la exacta reproducción del modelo que esta vez se desterró para siempre.
Nuestro camino alumbró el de otros países de la región, en un momento en el que América Latina era un subcontinente infestado de dictaduras y en tiempos en los que muchos consideraban que la democracia era una aventura temeraria, efímera, impracticable o de posibles consecuencias indeseadas y retrocesos inevitables. A ello se sumaban condiciones socioeconómicas alarmantes y una deuda externa gigantesca que crecía en progresión geométrica e inundaba de pesimismo la viabilidad de un proceso que pretendía asentarse exclusivamente en los cimientos de la soberanía popular.
Pero si es cierto que la Argentina, como la mayoría de los países de la región, alcanzó con la democracia un rápido y vigoroso desarrollo en el campo de las libertades públicas e individuales, estamos también obligados a reconocer y decirlo en voz alta que nuestras democracias presentan todavía enormes deficiencias en el campo del bienestar. Es más: hemos atravesado procesos de una gran bonanza económica, con altísimos niveles de crecimiento y superávit fiscal, pero no hemos logrado hacer retroceder la pobreza y menos aún la miseria. Amplísimos sectores permanecen en la indigencia y sometidos a un proceso despiadado de exclusión, porque las medidas sociales que se adoptan, muchas de ellas de corte clientelar, no han sido eficaces como respuesta a la pobreza, sino que generan mayores niveles de dependencia política.
Debemos reconocer que nuestras democracias no han resuelto la disparidad entre los que más tienen y los que menos tienen. Por ello, el gran desafío de hoy es la igualdad, pero no una igualdad retórica, formal, declarativa, sino la igualdad real, en la que todos los habitantes puedan gozar equitativamente del conjunto de sus derechos humanos. Nos referimos así a la necesidad de asegurar los derechos económicos, sociales y culturales, para que todos los argentinos gocen de un nivel de vida adecuado, que se traduzca en el acceso efectivo a una vivienda digna, a la alimentación, a la educación, a la salud, al trabajo. Todas ellas condiciones que aseguran, a su vez, la nutriente más genuina de los derechos civiles y políticos.
Pensar en los derechos humanos, 27 años después de aquel célebre acontecimiento donde los argentinos nos propusimos “democracia para siempre”, implica algo más que celebrar nuestros logros, que son muchos en el campo de la libertad y de la lucha contra la impunidad. Implica avanzar decididamente, sin claudicaciones ni demagogia, en el camino de la igualdad. Sin ello, no podremos combatir ni atenuar esta vergonzosa disparidad en la distribución de la riqueza ni reducir la brecha tecnológica. Sin ello, tampoco podremos luchar con eficacia contra esas dos grandes epidemias que son la marginación y la exclusión y que, pese al incremento del gasto social, se generalizan y acentúan.
Los argentinos debemos profundizar la democracia, esta vez sumando a los beneficios de la libertad los que nacen de la igualdad y la equidad. Sí, completar la tarea es nuestra meta y nuestro principal desafío.
PorRicardo Alfonsín. Diputado Nacional y precandidato a Presidente (UCR)
fuente:http://www.clarin.com/politica/anos-democracia-derechos-humanos_0_386361390.html
—Una gran impresión. Incredulidad. Pena. Conmoción. Uno puede discrepar, enojarse, y al mismo tiempo sentir pena frente al dolor y sufrimiento ajeno. A veces cuando veo a los responsables de la dictadura más sangrienta de la historia argentina en esa situación siento también lástima. Lo que no significa desdecirme de nada de lo que dije. Sigo pensando exactamente lo mismo acerca de la concepción de la política del ex presidente, lo mismo acerca de su gestión, la misma mirada crítica.
—Creo que si Videla muriera, más de uno festejaría.
—Nunca haría eso. No puedo sentir placer frente al dolor ajeno. Por más que esa persona se haya hecho merecedora de ese sufrimiento. Tal vez tenga que ver con una formación cristiana. Pero no haría nada para evitar que reciban el castigo que la ley establece, y mucho más por actos tan horrorosos. Yo sentí pena frente a Saddam Hussein.
—¿Cómo vivió los funerales?
—Como se vive un funeral en general. Yo fui con mi familia, porque la Presidenta nos había visitado a nosotros cuando murió papá.
—Hace un año le tocó pasar una situación similar. ¿Puede comparar la reacción popular?
—En ese sentido, sí. Y hay diferencias también. Pero que las expliciten quienes tienen que hacerlo, no yo.
—Ya se dice que estos dos casos ingresaron a un lugar histórico, junto a Yrigoyen, Evita y Perón.
—Sin ninguna duda. Y la historia se encargará después de hacer las valoraciones y las precisiones acerca de lo que representó cada uno de ellos.
—¿Cómo cree que esto puede impactar políticamente?
—No creo que haya grandes cambios. Me parece que se van a seguir profundizando las principales líneas que han caracterizado hasta ahora la gestión. Pero habrá que esperar que pasen los días.
—¿Y le parece que es el camino correcto que debería seguir la Presidenta?
—Yo creo que debería tener más disposición al diálogo. Y que haya una mayor inclinación a establecer entre oficialismo y oposición una relación más civilizada. Y esto requiere de ambas partes, no sólo del oficialismo.
—Muchos dicen: “¿y ahora qué?”. ¿Se lo pregunta?
—Me pregunto cómo van a reemplazar esa hiperactividad que tenía Kirchner. Pero estoy seguro de que hay muchísimos dirigentes que lo acompañaron que tienen condiciones para seguir actuando. Tal vez no con la misma eficacia, pero habrá que ver.
—Algunos dudan de si Cristina se fortalecerá o se debilitará como Isabel Perón.
—No, de ningún modo. A algunos incluso les gustaría. Pero no lo considero. Por supuesto que va a tener que sobrellevar los primeros tiempos. Se le va a hacer más difícil.
—¿Se puede beneficiar el FpV electoralmente?
—No, no creo. Esto puede generar un sentimiento, que se expresa en términos de imagen, de simpatía. Pero al votar se hace por otras cuestiones.
—Algunos pensarán en su crecimiento desde la muerte de su padre.
—Puede ser que se transfieran afectos, imágenes. Pero a la hora de votar la gente hace otro tipo de valoraciones.
—¿Qué cree que puede pasar ahora con el peronismo?
—Algunos especulan con la posibilidad de que se reúnan de nuevo, pero yo no creo. No por ahora. Porque creo que todavía están muy frescas muchas heridas. Y me parece difícil que se puedan saldar antes de 2011.
—¿Cree que Cobos se puede ver perjudicado?
—No lo sé, no creo. Pero de todas maneras el que va a tener que competir con el Frente de la Victoria soy yo, porque voy a ganar la elección interna.
—¿Se puede especular con una fórmula con Binner ?
—Lo de la fórmula es una especulación. Lo que es una realidad es que estamos trabajando en conjunto sus equipos y los nuestros.
—Si tuviese la oportunidad, ¿qué es lo último que le diría a Néstor?
—Le haría preguntas. Por qué en lugar de buscar aliados respecto de algunas cuestiones en las que podríamos haber acompañado, se empeñó en desmembrar y cooptar a partidos como el nuestro. Y también le preguntaría por qué no tuvieron más cuidado con las instituciones. No lo entiendo. Me gustaría poder haber discutido con él eso.
Veintisiete años después de un triunfo histórico
Ayer se cumplieron 27 años desde el día que la población votó a Raúl Alfonsín como el primer presidente democrático tras la última dictadura militar. El radicalismo tenía previsto actividades, como una campaña de afiliación en Capital, pero las suspendió por la muerte de Kirchner. Ricardo Alfonsín reconoce que sigue siendo una deuda pendiente el lema de que “con la democracia se come, se cura y se educa”. “Nosotros creímos que reemplazando a los militares podíamos empezar a construir una Argentina mucho más justa y pasar de una democracia política a una social. Esa es la gran deuda que tiene la democracia”, aseveró. Además, consideró que en estos 27 años el crecimiento institucional tuvo “altibajos”. “El desarrollo institucional se detuvo en alguna medida en la década del 90 y creo que sufrió daños también en los últimos años.”
fuente:http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0519/articulo.php?art=25189&ed=0519#sigue